Coulibaly e Ilić arman el 1-0 al 3’
El primer quiebre de Lecce 3-2 Monza llegó apenas al 3’, cuando Lassana Coulibaly transformó el arranque del partido en una ventaja inmediata para el equipo de Eusebio Di Francesco en la cuarta jornada de la Serie A Enilive. Ivan Ilić, instalado como pieza clave en la mitad de la cancha, apareció rápido como asistidor y le dio a Coulibaly la pelota que abrió un encuentro que todavía no había tenido tiempo de acomodarse. Ese 1-0 no solo modificó el marcador: también obligó a Monza a jugar desde muy temprano con urgencia, sin margen para instalar con calma su 3-4-2-1. El golpe fue todavía más pesado porque Lecce convirtió en su primer tramo de máxima precisión: terminó el partido con tres remates al arco y los tres terminaron en la red. En ese contexto, el tanto inicial de Coulibaly funcionó como una señal brutal de eficacia. Monza, pese a manejar después más posesión y generar más volumen ofensivo, quedó condicionado por una desventaja que nació antes de que el partido encontrara ritmo. Para Lecce, en cambio, el gol permitió competir desde una posición ideal: menos pelota, más protección del resultado y ataques con sentido directo. La asistencia de Ilić también dejó una marca decisiva, porque no fue una acción aislada; fue el inicio de una primera mitad en la que cada intervención precisa del mediocampo local tuvo impacto inmediato en el marcador.
Tiago Gabriel amplía al 10’ y Mangas responde al 20’
El 2-0 de Tiago Gabriel al 10’ elevó el castigo sobre Monza, otra vez con Ivan Ilić como asistidor y con Lecce aprovechando al máximo cada llegada clara. La anotación del defensor convirtió el inicio local en una ventaja de dos goles antes del primer cuarto de hora, un escenario que cambió por completo la temperatura competitiva del partido. Monza necesitó correr detrás del marcador y encontró una reacción al 20’, cuando Ricardo Mangas descontó con asistencia de Samuele Birindelli para poner el 2-1. Ese gol visitante parecía abrir una ventana real para que el equipo de Ivan Juric reacomodara el desarrollo: Monza ya había empezado a pisar el área con más frecuencia y su insistencia se reflejaría en una producción ofensiva superior durante la noche, con más tiros totales, más remates al arco y mayor posesión. Pero la respuesta de Lecce fue tan rápida como decisiva. El descuento de Mangas duró apenas un minuto como factor de impulso, porque la jugada siguiente volvió a inclinar emocional y numéricamente el partido hacia el local. La secuencia entre el 10’ y el 20’ concentró la tensión principal del primer tiempo: Lecce golpeó con contundencia, Monza encontró vida, y el partido quedó preparado para el momento que realmente frenó la reacción visitante. La diferencia no estuvo en la cantidad de llegadas, sino en la capacidad de Lecce para convertir sus mejores acciones sin desperdicio.
Coulibaly apaga el 2-1 al 21’ con el 3-1
El segundo gol de Lassana Coulibaly al 21’ fue el instante más determinante del partido, porque llegó inmediatamente después del descuento de Monza y destruyó el posible cambio de impulso que había generado Mangas. Danilo Veiga dio la asistencia y Coulibaly resolvió para el 3-1, un marcador que devolvió a Lecce una ventaja de dos goles cuando el visitante apenas empezaba a creer en la remontada. La importancia de esa acción estuvo en su timing: Monza había reducido la distancia al 20’, había puesto presión sobre la defensa local y parecía listo para transformar el partido en un intercambio abierto. Sin embargo, Lecce respondió sin concederle continuidad al golpe rival. Coulibaly, el futbolista mejor valorado del encuentro, cerró su doblete con dos remates al arco y dos goles, una eficacia total que definió la noche. El 3-1 también protegió al equipo de Di Francesco antes del descanso, que llegó con esa diferencia después de una primera parte frenética. A partir de ahí, el local pudo soportar mejor los momentos de dominio territorial de Monza, que acumuló posesión, pases y remates, pero cargó con el peso de haber recibido tres goles en muy poco tiempo. El tanto de Coulibaly no fue solo una ampliación del resultado: fue la respuesta que cortó la reacción visitante en el minuto exacto en que podía cambiar el guion.
Zeballos marca al 89’ y Falcone conserva el 3-2
El gol de Exequiel Zeballos al 89’ convirtió el cierre en una amenaza real para Lecce, porque redujo la ventaja a 3-2 y premió la insistencia ofensiva de Monza en el tramo final. El delantero, que había ingresado desde el banco, apareció tarde para darle al equipo visitante una última oportunidad de empujar el empate. Ese tanto no reescribió el resultado, pero sí cambió la exigencia inmediata del cierre: Lecce pasó de administrar una diferencia de dos goles a defender cada pelota final con un margen mínimo. En ese escenario, Wladimiro Falcone fue decisivo. El arquero terminó con siete atajadas, una cifra que explica por qué Monza no pudo convertir su superioridad en tiros al arco en una remontada completa. El visitante generó diez remates a puerta y un volumen ofensivo mucho mayor que el local, pero se topó con una respuesta sostenida bajo los tres palos. El descuento de Zeballos confirmó que Monza había hecho méritos para mantener vivo el partido hasta el último tramo, aunque llegó demasiado tarde para cambiar el desenlace. Para Lecce, la consecuencia inmediata fue resistir una presión final que ya no admitía errores, especialmente después de la tarjeta amarilla a Danilo Veiga al 90’. El 3-2 quedó sellado por la combinación que sostuvo toda la noche local: máxima eficacia en ataque temprano y un Falcone capaz de impedir que el asedio visitante alcanzara el empate.